lunes, 28 de marzo de 2022

El Inicio

He vivido como una mujer sumisa dentro del mundo BDSM durante 11 años, una cifra que siempre llama la atención de quienes me escuchan o leen, muchas veces digo que es menos tiempo para evitar preguntas, pero acá decidí sincerarme así que no escatimaremos en detalles.

 A los 16 años conocí a un hombre que llamaremos Andrés, alto, atlético para su edad pues me llevaba algunas décadas por delante, apuesto y con una lengua prodigiosa que podía hacerte ver el cielo o el infierno en una frase, sinceramente no he conocido a nadie más que Él con esa capacidad. Nos vimos por primera vez en un círculo de estudio que el presidía y desde nuestro primer encuentro se fijó en mí. 

Cuando entré allí me quedé fascinada viendo todo a mí al rededor y para cuando me di cuenta Él ya estaba a mi lado entregándome una nota, la cual perdí hace tres años pero que atesoré todos los anteriores. 

 

"Me gustaría ser tu amigo. ;) "

 

Así empezó, me acompañaba a estudiar, me llevaba o traía del colegio o casa al lugar de estudio, hablábamos de mi vida, la suya y me fascinaba, podía perderme en sus enormes ojos azules increíbles mientras Él me explicaba la tarea o me regañaba, hasta ahora es algo que me sucedió con todos los que fueron mis Amos, me pierdo en ellos. 

No voy a justificar a Andrés por lo que sigue, indiscutiblemente vendrán los comentarios sobre la edad y lo que estaba o no bien, no hay nada que pueda hacer al respecto, pero desde que estuvo seguro que tenía toda mi atención empezó a aproximarse físicamente, me moría de nervios y no quería meterlo en problemas y tampoco que me quitaran ese tipo de atención que tanto me gustaba y creía que necesitaba así que me quedaba inmóvil cada vez, pero Él sabía por mi humedad cuánto disfrutaba. Pasamos a la siguiente fase, Andrés no pensó y jamás supo que yo era virgen, pero penetrarme tampoco era de su interés, así que un día me llevó a su oficina y fue tan crudo y sincero como podía, me explicó sobre la satisfacción sexual, cuanta capacidad veía en mi para fungir como algo que Él llamaba sumisa y lo mucho que le gustaban ciertas prácticas sadomasoquistas, entendí que si quería seguir a su lado debía aprender todo ello. Desde ese momento se convirtió en un ritual, llegar y hacer una felación, tragar lo que su cuerpo expulsaba, tiempo de disciplina inglesa, flagelación, vejación y degradación, al principio fue muy sutil, me preguntaba cómo me sentía, íbamos juntos en el proceso, me hizo sentir como una flor de placer, todo lo que yo quería sentir Él me lo proporcionaba, me dejaba correrme todas las veces que el tiempo nos permitía, me cuidaba en todo aspecto, mis notas, mis actividades extracurriculares, la organización de mis días, yo cada vez disfrutaba más y no era de extrañar siempre fui una niña procaz, mi deseo  sexual se despertó muy joven... o lo despertaron, no estoy segura, pero es una historia para después.

No pasó mucho para que entendiera sobre protocolos, cómo tratarlo, cómo estar dispuesta para Él, cómo posicionar mi cuerpo para cada práctica... así que el momento de avanzar no se hizo esperar, un día entró a la oficina me hizo pasar, me sentó en el suelo y desde su escritorio me explicó todo lo que podía aprender, me hablo de manuales, posturas, Dominantes, términos totalmente nuevos para mí, sobre otras personas que también lo hacían, allí también supe que su esposa sabía lo que pasaba, porque sí, mi amado tenía una matrimonio excepcional de 30 años y algunos hijos, sin embargo ella jamás me aceptó y era lógico, representaba un problema abismal para todos y sobretodo para Andrés. Pero Él me quería allí, quería compartir todo eso conmigo y yo estaba dispuesta a recibir todas sus órdenes. Como sello de nuestro pacto y lo que pasaría a continuación, me tomo por los hombros y me llevo a una improvisada cama, antes de empezar me dijo ¿No eres virgen verdad?, lo era, mi respuesta salió rápidamente y con miedo, miedo de que no quisiera continuar No, Amo. Ese día perdí de la forma más dulce y placentera que se puede mi virginidad y ese Señor marcó lo que sería el resto de mi vida.

Para esconder los moretones y cualquier otra marca no hizo falta nada, yo practicaba artes marciales desde hace años y era algo normal en mi cuerpo, lo que no podía camuflarse como prácticas deportivas las escondía como lo más preciado que mi vida tenía en ese momento, y lo era. Empecé un proceso que consistía en llevar mi mente a lugares de mucho dolor y placer, en ese momento pensaba que se trataba de mi cuerpo, pero no, los golpes solo iban como apoyo y recuerdo físico de lo que en mi mente empezaba a cambiar. El día en que llegué al límite, sentada de piernas abiertas, atada de manos sobre mi cabeza, incapaz de moverme, llorar, gritar, sentir, gemir o correrme entendí que era todo aquello, lo que era o no era, una  sumisa masoquista sin límites claros más allá de los que mi cuerpo dictaban, Él también lo notó y ahí terminó todo, pase a una especie de retiro o eso creían mis familiares quienes para entonces no sospechaban en que me había convertido. El claustro me reveló cuanto quería servir, allí en cuatro paredes con la única posibilidad de hacer mis necesidades a la vista de mi, ya entonces, Tutor, siguiendo mi ritual de las mañanas, deshumanizada, humillada, atrapada pero al mismo tiempo feliz, libre, ligera. 

Pensé entonces que podría quedarme a su lado, sin saber, aun, que para Él no era ético poseerme o hacerme su sumisa, me desmoroné emocionalmente y sentí que nada de lo que hice valió la pena, que tanto esfuerzo, sufrimiento, tiempo y entrega no era valioso ni verdadero, que jamás iba a poder estar con alguien que no fuera Andrés. Dejé el circulo de estudio para ese momento me estaba entrando a la universidad, me fui de mi casa, tuve diferentes relaciones vainillas, lo intenté tanto que conviví con un chico un par de meses, en la universidad tuve encuentros sexuales y afectivos con varias personas esperando olvidarme de todo lo que había pasado con mi Tutor y poder ser una chica más convencional y apta para los hombres que me rodeaban, pero no lo conseguí.

Fallé sistemáticamente en empatizar con otros, me apegaba a ciertas personas por las razones incorrectas y sin darme cuenta esperando que ellos ejerzan como una especie de Amo para mí entregaba todo y recibía nada, ellos no conocían la idea de recibir a una sumisa, la responsabilidad afectiva que implicaba y cada vez salía más lastimada y lastimé a un par de chicos en este proceso. Hasta que tomé la decisión de mostrarme ante un Dominante llamado Guillermo, de quien fui esclava y de quien llevo una marca permanente como recuerdo de mi capacidad de entrega cuando amo y sirvo. La historia del Señor Guillermo podré detallarla en otra entrada y quizá algún día escriba más sobre mi vida ese año con Andrés, por ahora es lo necesario para entender como llegué el mundillo BDSM. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

El Inicio

He vivido como una mujer sumisa dentro del mundo BDSM durante 11 años, una cifra que siempre llama la atención de quienes me escuchan o leen...